Lo cierto es que sus contactos de alto nivel le ayudaron a poder terminar sus estudios, ya que sus profesores se negaban a concederle el diploma, a causa de sus continuas faltas y su vida indecente. Con ello aludían a su supuesta homosexualidad, delito muy perseguido en la Europa de su tiempo, y aunque nunca fuera probado, él nunca pareció ocultarlo. Ya licenciado, se instaló en Londres, donde frecuentó la compañía de artistas y escritores, liderando un grupo de nuevos creadores teatrales que se encargaban de hacer obras de encargo para el espectáculo de moda: el teatro.
Por entonces, en la ciudad había varios teatros, de propiedad privada, que rivalizaban por ofrecer las mejores obras a un público ávido de novedades. Allí fue donde conocería a William Shakespeare, por entonces un autor de segunda fija, del cual se haría amigo.
Marlowe fue sin duda el autor más deseado, el que mejor conocía los gustos del público y un modelo para los demás autores. Alguna de sus obras más importantes fueron: El Judío de Malta o El Gran Tamerlán.; todas ellas fueron éxitos de público.
Mientras realizaba estas obras, era capaz de continuar realizando labores de espionaje por cuenta de la corona, lo que le suponía frecuentes ausencias de Londres, con misiones en países como Francia u Holanda.
Esta doble vida se mostró muy peligrosa para él. Su carácter violento, pendenciero e inconformista le jugaron una mala pasada. Marlowe murió en una absurda pelea de bar, acuchillado por otro pillo más rápido que él, era el año1593 Con su muerte se levantaron muchos interrogantes:
Puede que su muerte estuviera preparada por sus antiguos jefes del servicio secreto, a los que había empezado a criticar abiertamente en público. De hecho el crimen quedó impune, nadie fue condenado e incluso las obras de Marlowe comenzaron a ser consideradas peligrosas, comenzando una persecución ideológica, con quema de libros incluida, con el fin de que no se volviera a hablar de él. De la noche al día había pasado a ser un autor maldito. Ese es uno de los motivos por el que su obra, de una calidad incuestionable no ha tenido la difusión de otros autores contemporáneos suyos.
Aquí entramos en otro misterio: con su muerte, los empresarios teatrales continuaban demandando obras nuevas, con lo que se pudo dar paso a nuevos talentos. El más beneficiado de esto fue W. Shakespeare, que desde entonces prácticamente ocupó su lugar en el cariño del público y en la demanda de obras.
Hay quien afirma incluso que alguna de las obras de este son “sospechosamente parecidas” a las de Marlowe: ¿posible plagio?, ¿simple aprendizaje de su estilo?, o lo más sorprendente: que Marlowe no muriera, sino que fuera quitado de en medio, apartándole de la vida pública, y que aun así pudiera hacer llegar algún escrito a su amigo William. Posiblemente nunca lo sabremos.
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