Este en apariencia extraño refrán, nos previene contra un problema que afecta en mayor a menos medida a muchas familias.
Alude a la pérdida de la unidad familiar cuando empiezan a llegar a ella gente “de fuera”, es decir, yernos y nueras.
Su presencia altera los roles desempeñados por padres e hijos. Los hijos se hacen más independientes y los padres tienen menos autoridad. En los casos en los que los hijos continúan viviendo en el domicilio paterno, es frecuente que la pareja joven desplace a la vieja en las tomas de decisiones, por lo que los padres suelen sentirse “de más”.
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